Cuando planeas viajar a New York una de las primeras imágenes que vienen a tu mente es la de rascacielos como el Chrysler Building, o el Empire State Building, altos, esbeltos, desafiando a la gravedad.
Sin embargo, sus orígenes fueron más modestos. Parte del equipo de El Guisante llegó algunos días más tarde a NYC, y decidió terminar su estancia visitando el Metropolitan Museum, algo que sin duda no debéis dejar de hacer.
Por nuestra parte, nos encaminamos hacia el SoHo en busca del avance técnico que permitió, en cierta medida, el nacimiento de los rascacielos, el cast-iron, o hierro colado. Esta técnica fue descubierta por los ingleses a finales del siglo XVIII. Permite construir fachadas más ligeras que las de ladrillo o piedra, con mejor ventilación, y un mayor número de ventanas, elementos que se retomarán en los futuros rascacielos.
El arquitecto diseña el modelo, y el constructor realiza un molde en el que se vierte el hierro colado, siendo posible repetir un mismo motivo varias veces, y unir de manera casi infinita sus componentes en función de tamaño o de los gustos del cliente: Es el comienzo del prefabricado.
SoHo es el acrónimo de South of Houston Street, y hacia 1850 era el centro comercial de Nueva York. Hoy día conserva la mayor concentración de edificios con fachada de cast-iron, en especial, almacenes e industrias, que conforman un espacio urbano muy homogéneo.
Muchos de estos edificios fueron levantados por empresarios textiles, de alimentación, del mueble..., que necesitaban amplios espacios interiores para el almacenaje y escaparates atractivos, así como una mejor defensa contra los incendios. Sin embargo, el hierro fundido no es un material lo suficientemente resistente como para emplearlo en muchos pisos y su escasa resistencia al fuego expone a los ocupantes a un peligro real.
Las partes estandarizadas se ensamblan y empernan directamente sobre el terreno, lo que no requiere una mano de obra cualificada, y su coste es menos elevado que el ensamblaje en piedra, material, además, mucho más caro.
Tras la fachada metálica, las estructuras de sustentación siguen siendo de madera o de mampostería tradicional: Habrá que esperar al procedimiento Bessemer, 1855, y a la popularización del acero de alta resistencia para conseguir un esqueleto homogéneo.
Al principio, el cast-iron imitaba a la piedra aplicando en las fachadas una capa de pintura mezclada con arena, lo que daba gran autenticidad al resultado; algo que comprobamos nosotros mismos, golpeando diversos elementos de las fachadas, cuyo sonido metálico nos indicaba el material del que estaban realizadas, ante nuestro asombro, ya que parecía piedra.
Tal vez el más significativo de estos primeros edificios sea el Haughwort Building de 1857, en el 488-492 de Broadway, que en su origen fue un gran almacén de vajilla y relojería, levantado por el arquitecto J.P. Gaynor para el magnate del arte gastronómico E.V. Haughwort. Se le consideró un auténtico palacio veneciano, debido a sus soportales y columnas. Además de ser el primer edificio de la ciudad con fachada de hierro colado, Elisha G. Otis instaló aquí el primer ascensor para el transporte de pasajeros dotado con un dispositivo de seguridad.
Gracias al éxito obtenido, y a las propiedades del hierro fundido, los arquitectos crearon nuevos modelos decorativos, como las columnas llamadas velas de cachalote, y de pronto se cambiaron las tornas. Las fachadas en piedra comenzaron a imitar al hierro fundido, como puede verse en el 502 de Broadway.
Broadway en el SoHo no es el santuario de los teatros, sino del comercio y las tiendas. Es una avenida inmensa, llena de contrastes, y con una particularidad en su trazado que la diferencia de todas las demás.
El equipo de El Guisante lo comprobó, paso a paso, ya que la recorrimos casi en su totalidad.
En el número 575, esquina con Prince St., se encuentra la tienda estrella de Prada, en lo que fue la sede del Guggenheim del SoHo. Un edificio con fachada de ladrillo, y puertas y ventanas de cast-iron, construido entre 1881-2 por el arquitecto T.Stent.
Casi enfrente del anterior, en el 561 de Broadway, y levantado en 1904 por el arquitecto E.Flagg, nos encontramos con el Little Singer Building. Realizado en estilo Art Noveau, en forma de L, para I.M. Singer, inventor de la máquina de coser. Ya que el arquitecto había edificado el Singer Building (cuya demolición en 1970 causó una enorme polémica), a este se le puso el apodo de "Little". La estructura metálica empernada y los almocárabes florales dan muestra de la sensibilidad estética de Flagg, cultivada en la escuela de Bellas Artes de París.
En el 478-482 de Broadway, se alza el Roosevelt Building, obra de R.M. Hunt. Fue el primer arquitecto formado en la escuela de BBAA de París, presidente del American Institute of Architects y representante de una generación de arquitectos que toman su inspiración de Europa. Este edificio muestra las posibilidades del cast iron de forma completa. Grandes vanos agrupados de tres en tres y adornados con pequeñas columnas que le proporcionan una gran sensación de ligereza, además del vivo colorido de varios elementos constructivos (en su origen).
Muy cerca, en Greene Street, nos encontramos la colección más importante de fachadas de hierro colado. A los dos edificios más bonitos, se les conoce como King and Queen of Greene Street (72-76), y (28-30), un ejemplo perfecto de estilo Segundo Imperio.
Siguiendo por Prince Street encontraremos un gran número de galerías y tiendas, algunas con escaparates realmente impactantes.
También se puede pasear Wooster St. Y Broome St., donde en la esquina con Greene St., se encuentra el Gunther Building (469-475), con una preciosa fachada en hierro colado.
A principios de los sesenta al barrio se le conocía como los cien acres del infierno y había perdido su dinamismo comercial, hasta el punto de que el ayuntamiento proyectó atravesarlo con una autopista, pero los grandes locales y almacenes industriales vacíos comenzaron a atraer a un público nuevo: Los artistas, que encontraron allí espacio para las monumentales obras de la vanguardia.
El barrio recuperó el pulso, y la creación de un status especial para los artistas hizo posible convertir los espacios en apartamentos cuando sus ocupantes lo solicitaban. Así nacieron los lofts, apartamentos sin tabiques que ocupaban todo un piso.
Llegaron las tiendas, museos, restaurantes..., y a pesar de que muchos artistas y galerías actualmente han buscado nuevos espacios en Chelsea, en el SoHo se respira una atmósfera de gran vitalidad artística, y es un barrio de moda donde pasear resulta un ejercicio enormemente gratificante, donde a cada paso nos encontramos con locales que nos invitan a detenernos y a entrar, con gente en las terrazas, en la calle, una pequeña ciudad dentro de Manhattan.