SINAGOGA DE SANTA MARÍA LA BLANCA
En el corazón del “Sefarad” España para los hebreos, la “Sinagoga Mayor”, Santa María la Blanca era una de los once templos en el “Madinat al-Yahud.” barrio asignado por los árabes a los judíos, de la ciudad de Toledo. La aljama de los judíos, al igual que la aljama de los moros, constituía una ciudad dentro de otra ciudad, en el Toledo medieval, cuando esta obra cumbre del arte mudéjar, "la mayor y más hermosa sinagoga de España" (Alfonso X el Sabio) fue edificada, según inscripción que allí consta, en el año 1180.
Nada por fuera hace presagiar el tesoro arquitectónico que en el interior guarda. Nada por dentro muestra, a primera vista, el hondo significado que este monumento, al detenernos en él, nos enseña. “Tres, eran tres”, las culturas que Toledo encierra; gentes de distinta raza, credo y condición han compartido y hoy comparten la calidad del espacio en este bello templo, admirable ejemplo de mestizaje creativo. Al detener la mirada en este edificio, construido por árabe para judíos que también sirvió de templo cristiano, podemos aprender que sólo las realidades distintas pueden enriquecerse entre sí. Pero hoy es más importante saber coexistir armoniosamente en esas diferencias. Hoy, mas que nunca, es el momento de los sabios y de los santos y no de los guerreros. ¿Por qué Leví, tuviste que marcharte guardando para siempre la llave de tu casa? —Yo, si tuvieras tiempo, amigo viajero, con gusto te contaría esta y mil historias o…leyendas de Toledo—.
Como la propia España, su historia no está exenta de avatares: La Sinagoga de Santa María la Blanca resultó gravemente dañada por el fuego en 1250, reconstruida como sinagoga la mayor en tiempos de Alfonso X el sabio y convertida en templo cristiano en 1411. Beaterio de “mujeres arrepentidas” en 1550. A principios del siglo XIX, como efecto de la desamortización de Mendizábal, se convirtió en Almacén de la Real Hacienda. En 1851 según las crónicas, fue nuevamente restaurada pero en 1857, el poeta de las rimas y las leyendas, Gustavo Adolfo Bécquer la describe minuciosamente todavía parcialmente deteriorada y cerrada al público. Hoy sirve, además de “para ser bella”, como monumento visitable y lugar de encuentros culturales.
Si vas a Toledo no te la puedes perder. En su interior te espera un hermoso bosque de pilares octogonales y arcos de herradura que sostiene una suave cascada de luz que ilumina, tenuemente, el arquitrabe compuesto por ciegas arquerías de arcos lobulados y filigranas de yesería que aúnan motivos vegetales, lacerias almohades y en cuyos nudos se conforman la estrella de David. En lo alto, cubriéndolo todo; podrás contemplar uno de los más relevantes artesonados mudéjares ¡que ya es mucho decir! de la carpintería de armar toledana. Fíjate, también, en cada uno de sus treinta y dos capiteles, ricamente labrados, que coronan las correspondientes pilastras; en todo su esplendor decorativo no encontraras dos iguales.
No dudes de estar delante de una obra maestra de los alarifes toledanos, a los que no les dolieron prendas en trabajar para satisfacer la necesidad de culto judío. En algún momento de su larga historia, también fue iglesia cristianan con el nombre, que hoy conserva, de “Santa María la Blanca”, en honor a la imagen de una virgen, copia de la existente en el coro de la Catedral, y que desapareció en 1791, cuando el edificio fue reconvertido en cuartel.
Hoy, podemos observar la trasformación, realizada en siglo XVI por Covarrubias, en las cabeceras de las tres naves principales; la central cubierta con una bóveda de media naranja sobre trompas y las dos laterales de un cuarto de esfera sobre pechinas. El retablo, plateresco, en el que en sus finos altos relieves, Bécquer quiso ver la mano de Berruguete y que en la actualidad sabemos fue obra de Juan Bautista Vázquez el Viejo.
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SINAGOGA DE SANTA MARÍA LA BLANCA
En el corazón del “Sefarad” ¾España para los hebreos¾, la “Sinagoga Mayor”¾, Santa María la Blanca¾ era una de los once templos en el “Madinat al-Yahud.” ¾barrio asignado por los árabes a los judíos¾, de la ciudad de Toledo. La aljama de los judíos, al igual que la aljama de los moros, constituía una ciudad dentro de otra ciudad, en el Toledo medieval, cuando esta obra cumbre del arte mudéjar, "la mayor y más hermosa sinagoga de España" (Alfonso X el Sabio) fue edificada, según inscripción que allí consta, en el año 1180.
Nada por fuera hace presagiar el tesoro arquitectónico que en el interior guarda. Nada por dentro muestra, a primera vista, el hondo significado que este monumento, al detenernos en él, nos enseña. “Tres, eran tres”, las culturas que Toledo encierra; gentes de distinta raza, credo y condición han compartido y hoy comparten la calidad del espacio en este bello templo, admirable ejemplo de mestizaje creativo. Al detener la mirada en este edificio, construido por árabe para judíos que también sirvió de templo cristiano, podemos aprender que sólo las realidades distintas pueden enriquecerse entre sí. Pero hoy es más importante saber coexistir armoniosamente en esas diferencias. Hoy, mas que nunca, es el momento de los sabios y de los santos y no de los guerreros. ¿Por qué Leví, tuviste que marcharte guardando para siempre la llave de tu casa? —Yo, si tuvieras tiempo, amigo viajero, con gusto te contaría esta y mil historias o…leyendas de Toledo—.
Como la propia España, su historia no está exenta de avatares: La Sinagoga de Santa María la Blanca resultó gravemente dañada por el fuego en 1250, reconstruida como sinagoga la mayor en tiempos de Alfonso X el sabio y convertida en templo cristiano en 1411. Beaterio de “mujeres arrepentidas” en 1550. A principios del siglo XIX, como efecto de la desamortización de Mendizábal, se convirtió en Almacén de la Real Hacienda. En 1851 según las crónicas, fue nuevamente restaurada pero en 1857, el poeta de las rimas y las leyendas, Gustavo Adolfo Bécquer la describe minuciosamente todavía parcialmente deteriorada y cerrada al público. Hoy sirve, además de “para ser bella”, como monumento visitable y lugar de encuentros culturales.
Si vas a Toledo no te la puedes perder. En su interior te espera un hermoso bosque de pilares octogonales y arcos de herradura que sostiene una suave cascada de luz que ilumina, tenuemente, el arquitrabe compuesto por ciegas arquerías de arcos lobulados y filigranas de yesería que aúnan motivos vegetales, lacerias almohades y en cuyos nudos se conforman la estrella de David. En lo alto, cubriéndolo todo; podrás contemplar uno de los más relevantes artesonados mudéjares ¡que ya es mucho decir! de la carpintería de armar toledana. Fíjate, también, en cada uno de sus treinta y dos capiteles, ricamente labrados, que coronan las correspondientes pilastras; en todo su esplendor decorativo no encontraras dos iguales.
No dudes de estar delante de una obra maestra de los alarifes toledanos, a los que no les dolieron prendas en trabajar para satisfacer la necesidad de culto judío. En algún momento de su larga historia, también fue iglesia cristianan con el nombre, que hoy conserva, de “Santa María la Blanca”, en honor a la imagen de una virgen, copia de la existente en el coro de la Catedral, y que desapareció en 1791, cuando el edificio fue reconvertido en cuartel.
Hoy, podemos observar la trasformación, realizada en siglo XVI por Covarrubias, en las cabeceras de las tres naves principales; la central cubierta con una bóveda de media naranja sobre trompas y las dos laterales de un cuarto de esfera sobre pechinas. El retablo, plateresco, en el que en sus finos altos relieves, Bécquer quiso ver la mano de Berruguete y que en la actualidad sabemos fue obra de Juan Bautista Vázquez el Viejo.
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