Mi primer viaje a los parques Disney de Orlando fue en el verano de 1983.
Por aquél entonces, yo tenía siete años y vivía con mi familia en Washington...
leer másMi primer viaje a los parques Disney de Orlando fue en el verano de 1983.
Por aquél entonces, yo tenía siete años y vivía con mi familia en Washington D.C. Supongo que como buenos inmigrantes, mis padres pretendían ahorrar algo de dinero y al mismo tiempo aprovechar la ocasión para conocer los Estados Unidos. Así que, en lugar de tomar un vuelo a Orlando como hubiera hecho cualquier familia normal, optamos por hacer el trayecto de 1.417 kilómetros por carretera hasta los parques Disney, a bordo de nuestro flamante Ford Escort de color marrón metalizado.
El trayecto duraba un par de días, quince horas aproximadamente, y a mi padre le gustaba tomarse las cosas con cierta calma y “disfrutar del paisaje”. Nos alojamos en cómodos pero modestos hoteles de carretera, hacía un calor sofocante y el aire acondicionado de nuestro vehículo no parecía funcionar del todo bien (un día hicimos una breve alto en el camino para comer, y cuando regresamos al coche encontré mis queridas pinturas de cera de Mickey Mouse convertidas en un psicodélico puré multicolor). Sin embargo, tres décadas después, todavía recuerdo aquel viaje (así como otros viajes similares que hicimos en años venideros), como uno de los más felices de mi vida.
Poco después de esas primeras vacaciones en Disney World (que en aquella época solamente tenía un parque temático, Magic Kingdom) mi familia y yo regresamos a España. Más de 7.000 kilómetros nos separaban de Orlando, así que durante algunos años nos tuvimos que olvidar de los parques de Disney. Sin embargo, pasado algún tiempo, las peregrinaciones familiares comenzaron de nuevo.
Yo ya no era tan pequeño, y tampoco volvimos a recorrer miles de kilómetros en el Ford Escort marrón metalizado, pero el viaje familiar a Walt Disney World seguía siendo toda una aventura. Mi séquito incluía ahora a un hermano y una hermana pequeños, que viajaban con sus correspondientes cachivaches. Los vuelos – con el inevitable trasbordo en Nueva York, Miami o Atlanta – se hacían interminables y, por si todo esto resultara poco emocionante, habitualmente nos acompañaban algunos familiares más. Como decía Chevy Chase en la célebre comedia Las Vacaciones de una Chiflada Familia Americana, ya no se trataba de un mero viaje; era una aventura en toda regla…
Ahora estoy ya más cerca de los 40 años que de los 30, tengo la inmensa fortuna de haber visitado los parques de Disney en Orlando más de una decena de veces, y desde 2007 escribo en http://disneyhispana.blogspot.com: el principal recurso en español sobre los parques de Disney